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A contracorriente

Se habla mucho en todo tipo de empresas y sectores acerca de ser disruptivo, de interrumpir el statu quo o de la necesidad de reinventarse. Y ante esta ola de nuevas tendencias a causa de una pandemia, parece que el foco estratégico se ha centrado en la hiperaceleración de una revolución digital que ya venía pidiendo sitio a gritos desde antes de la Covid-19. 

Por eso, precisamente ahora, cuando la conciencia tecnológica ha alcanzado su culmen, convertirse en un salmón se presenta como una verdadera disrupción. La faceta más tecnológica de la odontología ya no es hoy un plus, es una necesidad imperiosa exigida por la búsqueda de la excelencia.

La innovación suele mirar mucho al futuro y poco al pasado, cuando lo cierto es que lo nuevo puede también originarse desde la tradición, desde el baúl de lo que un día fue vanguardia, o desde lo que siempre funcionó. Al fin y al cabo, ni nuevo es sinónimo de positivo ni antiguo lo es de negativo.

Es momento de rescatar lo bueno de ayer y de asegurarnos de que se pone, al menos al mismo nivel, que lo bueno de hoy. Dicho de otro modo, antes de prepararnos para el futuro sería conveniente rescatar el pasado, para así aprovechar mejor el presente.

En este artículo se comparte una perspectiva distinta de la disrupción en esta nueva fase de la odontología, en la que ir a contracorriente puede ser algo muy distinto a lo que aparentemente parece obvio.

Masa madre

La obsesión por acelerar las ventas y llegar a más gente ha marcado la tendencia empresarial de los últimos años, industrializando un consumo en el que casi todo se enlata. En un mundo en el que gana protagonismo la distribución en serie, los negocios escalables y lo industrial… hay un espacio inmenso para aquellos que buscan ofrecer algo artesanal que conecte y deje buen sabor. 

La odontología tiene esa esencia mágica: la capacidad de individualizar el servicio. ¿Por qué íbamos a querer enlatar nuestro talento y arte?, si con eso solo conseguimos trabajar más, pero no mejor. La calidad, la originalidad, la exclusividad y lo artesanal son pilares de una profesión en la que son las manos (incluso a golpe de clic) las que elaboran una obra única para un paciente único.

Entre tanta barra ultracongelada, la hogaza de pueblo aumenta su valor.

Vuelta a la sala de estar

Las salas de espera repletas de pacientes han pasado a ser dependencias prácticamente innecesarias en una profesión que ha comprobado, de golpe y de repente, lo que ya era evidente: una buena estrategia y gestión de la agenda clínica puede y debe lograr que los pacientes no se amontonen mientras las agujas del reloj minan su paciencia.

Algunos aún podemos recordar, como no hace tanto tiempo, cuando las clínicas tenían un aroma de hogar en el que los pacientes eran atendidos como uno recibiría a quien visita su casa. No existían teorías de marketing y se aplicaba algo tan básico como la amabilidad y la buena educación para hacer sentir al paciente precisamente así, “como en casa”. Y funcionaba.

Desde la sala de espera atiborrada, volver a las salas de estar… puede ser la última moda. 

Ordenar las venas entre tanto cable

Inmersos en una revolución descomunal de la tecnología en la vida y en el trabajo a raíz del “lockdown” mundial, lo digital es sencillamente ya lo normal. Con la mirada fija en las pantallas retinas, potenciar lo humano es lo más revolucionario y posiblemente lo más necesario. Sin embargo, la mayoría de profesionales y profesiones están más obsesionados que nunca en digitalizarse más y más rápido. Sin restarle conveniencia a la adaptación tecnológica, precisamente ahora el trabajo “hombro con hombro” y las distancias cortas son el nuevo reto.

Hace falta sentar muy bien las bases antes de la inmersión digital en una clínica. La justificación es de peso: en un entorno con caos, desorden o mediocridad lo que vamos a obtener es eso mismo, caos digitalizado. El orden y la eficacia van antes de la tracción y la velocidad tecnológica y es precisamente el trabajo humano lo que lo hará posible.

La odontología, guste o no, sigue alimentándose mucho más por lo que circula por venas, que no por cables.

Darles valor a los valores

Nos invaden los artículos, los consejos o los posts que nos animan a conseguir resultados de manera inminente. El mercado empuja a vender en una profesión que debería simplemente dedicarse a convencer. El camino fácil es siempre el más rápido, pero no siempre el mejor.

Los pacientes reciben infinidad de impactos publicitarios y de reclamos que los confunden y dificultan su proceso de selección. Se hace imprescindible construir la reputación desde la honestidad, atendiendo a la verdad y alejándonos de mentiras y falsas promesas que no benefician a nadie. La odontología es una profesión de honor, una carrera de larga distancia para aquellos que están dispuestos a contribuir al prestigio colectivo.

La odontología sin valores podrá traer pacientes a corto plazo, pero seguro que traerá problemas a largo plazo.

Ser slow en un mundo fast. 

Encontrar nuestro equilibrio es fundamental. Vivir en constante intensidad puede terminar por rompernos y por reducir nuestra capacidad productiva sin darnos cuenta e impactando negativamente en nuestro entorno, en nuestras relaciones y en nuestra clínica. La Odontología Slow es un método de bienestar que nos enseña a equilibrar los momentos de adrenalina y máxima velocidad con esos de paz y calma que llenan de nuevo nuestro depósito.

Ser slow significa cuidar también de un elemento inmensamente valioso: tú mismo. Es importante no olvidar cuánto se necesita uno para alcanzar una verdadera aportación que potencie el crecimiento del equipo, de la clínica y beneficie al paciente.

En el mundo de las prisas y el estrés, abonarse a la calma se presenta como una idea estupenda.

Conclusión

Hoy en día y con la velocidad a la que acontecen los cambios, hablar de lo que va a pasar mañana es toda una adivinanza. Conviene empezar por identificar lo que hace falta o conviene aplicar hoy mismo. Estamos ante la necesidad de pasar del decir al hacer, de la teoría a la práctica, de la estrategia a la implementación. Ya no basta con saber, tampoco con parecer.

Cada dentista y cada profesional del sector tiene la oportunidad de proteger y mejorar la odontología. Llevemos la odontología al lugar que deseamos, a lo más alto. Y hagamos que la próxima disrupción favorezca al paciente, porque hacerlo así traerá felicidad y éxito para todos los que disfrutamos de este oficio único.

Artículo publicado en el nº 46 de la Revista “Dentistas” del Consejo de Dentistas de España en Noviembre 2020. Consulta la publicación original aquí. 

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