Todo emprendedor, dentista o profesional es al tiempo un directivo de su principal empresa: él mismo. En un momento en el que la aceleración constante, la multitarea o la lucha contra el reloj son una realidad, relanzar la idea de pensar más, o al menos mejor, se presenta como una gran idea.

Ser dentista implica desarrollar actividades y responsabilidades que van mucho más allá de las que uno pudo aprender durante su formación universitaria. Hoy resulta fundamental dedicar parte de nuestro tiempo al análisis, la planificación y la toma de decisiones de todas aquellas cuestiones que, sin estar directamente relacionadas con nuestra práctica clínica, resultan también fundamentales para el crecimiento, progreso y mejora.

Estos son cinco conceptos básicos que nos ayudarán a utilizar más y mejor nuestro otro sillón… el de pensar:

 

Ventanas para pensar en la agenda

El primer paso para pensar es, sin duda, estar dispuesto a dedicarle tiempo. Si bien todo profesional cuenta con una agenda clínica que establece de forma expresa qué parte va a dedicar a la atención de pacientes, en la distribución de este tiempo es muy habitual ocupar todos los espacios sin dejar “ventanas libres” para poder dedicarse simplemente a reflexionar. Para ello, es recomendable crear ciertas ventanas en la agenda que, con carácter periódico, determinen qué franjas horarias y en qué días nos sentaremos en nuestro sillón de pensar (por supuesto, para cumplirlas).

 

Diagnosticar al paciente… y a nosotros mismos

Cuando ya disponemos del tiempo para pensar, el primer paso es aprender a tomar autoconciencia. De la misma forma que diagnosticamos la salud de un paciente, su estado actual, la etiopatogenia de su posible enfermedad, y del mismo modo que nos imaginamos un resultado final fruto del diseño de un plan de tratamiento estructurado, debemos también establecer para nosotros mismos criterios organizativos muy similares.

Los dentistas dedicamos casi toda nuestra jornada a pensar en los demás y a analizar cómo ayudarles. Nos olvidamos muchas veces de prestarnos la atención que merecemos, aunque solo sea por dedicar tiempo a analizar cómo “van las cosas”, cómo nos sentimos y, al mismo tiempo, saber qué impacto estamos creando en nuestro entorno y en aquellos que nos rodean.

 

Sillón dental

 

Más planificación y menos improvisación

Cuando ya sabemos, de la manera más objetiva posible, cuál es nuestra situación profesional o personal y cómo queremos mejorarla, estamos listos para planificar los pasos para lograrlo. No hacerlo conduce, inevitablemente, a la confusión y, por tanto, a la improvisación. Una improvisación que puede convertirnos en meros ejecutores del día a día. La planificación de metas y objetivos supone el reto de diseñar un rumbo y destino. Esta planificación permite una conducción más efectiva tanto de la clínica dental como de la propia carrera profesional.

 

Pensar antes que hacer

La vida sin frenos nos conduce a centrar nuestra actividad en la ejecución, sin mimar la parte reflexiva, analítica y diagnóstica de aquello que nos rodea. Centrarnos únicamente en la ejecución nos hace aumentar las probabilidades de equivocarnos, con el riesgo que eso tiene para la salud del paciente en primer lugar, pero también para la clínica dental y para nosotros mismos. La mercantilización de la Sanidad podría convertir al dentista en un “hacedor”. Sin embargo, debemos recordar que ante todo somos “pensadores” y “decisores” que hacemos de nuestras reflexiones la base de nuestra posterior ejecución. “Pensar y hacer” es mucho más rentable y más beneficioso para todos que “hacer y pensar”. No en vano, la Odontología es tan intelectual como manual. Potenciar el trabajo de pensar nos permitirá optimizar al máximo el trabajo de ejecutar.

 

Pensar en soledad para conectar colectivamente

La evolución y el aprendizaje constantes son obligaciones para ofrecer excelencia. Por tanto, saber planificar los espacios en los que vamos a invertir en nosotros, bien para descansar, bien para formarnos o para reencontrarnos, son fundamentales para ofrecer nuestra mejor versión. Aunque pensar es un ejercicio muy personal, la Odontología es un oficio colectivo, inspirado en compartir, que entiende que el dentista no debe recluirse en su clínica y perder la perspectiva de una profesión que no deja de sorprendernos. Salir a hablar con otros colegas, intensificar la relación con el entorno más cercano de nuestra clínica, dejarnos ver sin miedo de compartir lo que pensamos y socializarnos es fundamental para crecer con prestigio y notoriedad.

 

Conclusión

Cualquier profesional se enfrenta a dos escenarios posibles: uno en el que los demás deciden por ti y otro en el que uno decide sobre sí mismo. Diseñar nuestro propio destino no garantiza un futuro predecible, pero desde luego nos acerca mucho más a él que cuando avanzamos sin un rumbo definido. Debemos dedicar tiempo a pensar, con o sin ayuda; tiempo a imaginar escenarios, analizar riesgos, detectar oportunidades y dibujar dónde estamos y dónde deberíamos estar. Este ejercicio nos permitirá trazar planes de acción y objetivos que nos ayuden a alcanzar nuestro éxito. Una reflexión obvia y sin embargo descuidada: para aquellos que deseamos aportar lo máximo posible y disfrutar al mismo tiempo, se impone la necesidad de pensar más slow. Paradójicamente, hacerlo así nos permitirá seguramente llegar a nuestra meta de manera más fast.

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Artículo publicado en el número de octubre 2019 de la revista del Consejo de Dentistas de España. Consulta la publicación aquí.

 

revista Consejo Dentista octubre