Tanto en la vida como en el entorno laboral, la velocidad con la que se consiguen los resultados y la máxima producción parecen ser considerados hoy como indicadores de éxito. El ritmo de vida que llevamos hoy supera para muchos los límites saludables.

La velocidad puede ser estupenda y necesaria. Es divertida, nos mantiene muy vivos y aporta potencia y golpes de efecto. Pero también puede acabar con nosotros si la consumimos en dosis excesivas. Todos hemos escuchado alguna vez que “no es la bala lo que mata, sino su velocidad”. Resulta muchas veces complejo no dejarse influenciar y contagiar por esta corriente de rapidez. Muchas personas viven con la falsa creencia de que sus capacidades son ilimitadas, que los recursos son infinitos, que vale todo a cambio de conseguir más y que su salud es un muro infranqueable. La comida rápida, el agobio, el multiempleo o las multitareas, las prisas o la necesidad de omnipresencia están pasando factura, por desgracia en ocasiones silenciosamente, a la capacidad biológica e intelectual de muchas personas. Así, cada vez hay más sufridores del síndrome de la nostalgia, esa sensación de querer volver a tener el control de la vida y del tiempo, ese deseo de sentir el placer de vivir en calma.

La velocidad, a nuestro servicio

También en el sector dental podemos encontrar sin gran esfuerzo ejemplos que pueden evidenciar esta tendencia. No podemos obviar que la odontología también disfruta las ventajas de la innovación y el progreso, al tiempo que sufre las consecuencias de un crecimiento desmesurado y de la economía de masas.

Muchos dentistas tenemos una agenda tan apretada de responsabilidades y pacientes que nos obliga a renunciar a hacer algunas de las cosas que más nos relajan y que nos ayudan a desconectar y volver a dar lo mejor de nosotros.

No son pocos los colegas que, ante la lógica de no querer dejar de disfrutar de esos placeres necesarios, insertan como pueden sus aficiones en huecos entre su ajetreada agenda, lo que los obliga a correr de un sitio a otro y a recuperar el tiempo invertido en uno mismo, acelerando e intensificando el ritmo el resto del día.

Nuestra gestión del tiempo y el saber encontrar nuestro equilibrio perfecto es fundamental para disfrutar al máximo de la vida y de la odontología que practicamos, sin que eso afecte a nuestra salud ni tampoco al progreso de nuestra clínica. Un enfoque menos fast y más slow. Despacito.

La propuesta slow no pretende eliminar la velocidad, simplemente quiere controlarla, dosificarla y ponerla a nuestro servicio y no al revés. A continuación se comparten cinco reflexiones de cómo nuestra actividad como dentistas y nuestras vidas están unidas en una mismo universo que tiene dos extremos.

1. Productividad vs Estrés

Vivimos en un mundo en el que la necesidad de ser cada vez más productivos y de conseguir más y más nos ha introducido en un bucle de aceptación del estrés y del agobio como estados normalizados en nuestras vidas.

Hemos pasado del “lo tendré hecho mañana” al “para hoy”, y de ahí al “lo necesito para ayer”. Son muchos los profesionales que desarrollan varias tareas o proyectos a la vez, que intensifican su ritmo en el trabajo con la creencia de que así ganarán tiempo para otras cosas. El caos y el estrés nos convierten en ineficientes, mientras que la calma y el orden nos hacen ser más productivos.

2. Presente vs Futuro

Se ha extendido como pensamiento que la felicidad está en la meta y con ese paradigma todos empujamos sin descanso y sin mesura para llegar cuanto antes al destino para disfrutar el premio. Sin embargo, todos deberíamos saber que la felicidad está y debe estar en el camino, en el día a día, en el “aquí y ahora”. Vivir en el futuro constante es no disfrutar del momento presente, no disfrutar de lo que nos rodea.

3. Rápido vs Bueno

Al mismo tiempo, también parece que se ha perdido en algunas personas el entusiasmo por hacer las cosas bien, por disfrutar de hacerlas en calma, y por darle valor a la calidad. Vivimos un consumo en el que rápido es más importante que bueno. La obsesión por la cantidad han desplazado en muchos casos a la valoración de la eficiencia y la calidad. “Rápido y bueno” es una combinación excelente, pero cuando no es posible lograrla… “despacio y bien” parece más beneficioso que “rápido y mal”.

4. Conformismo vs Inconformismo

El ser humano está programado para concentrar su pensamiento en lo que no tiene. Posiblemente una herencia genética que nos ha ayudado a progresar, a sobrevivir y a evolucionar como especie.
Esta inercia puede, y de hecho lo está haciendo, ponernos en apuros como sociedad. Debemos ser capaces de entrenar nuestra mente también a captar los pequeños detalles, esas pequeñas cosas que nos ayudan a disfrutar “lo que tengo” y que endulzan la aventura de vivir cuando somos capaces de percibirlas. El pensamiento positivo y el ser felices con lo que nos rodea es tan importante como el deseo ajeno o el inconformismo.

5. Maquina vs Humano

La industrialización ha llegado al ser humano, para procurar convertirnos en las maquinas necesarias para continuar impulsando un crecimiento económico y una productividad que no nos beneficia del todo ni a todos. Hacemos las cosas en modo automático, muchas veces sin darnos cuenta y sin disfrutarlas.
Entender que no somos máquinas, que somos seres humanos y que nuestra lógica es muy diferente es vital. Agendas sin ocio, trabajo sin descanso, la productividad por encima de todo es lo que le podemos pedir a una máquina, en la que la biología y la fisiología se sustituyen por la electrónica y la mecánica. Exigencias muy distintas son las que deberíamos pedirle a nuestros cuerpos y mentes.

Conclusión

El verdadero éxito reside por tanto en el interior de cada uno de nosotros, en la manera en la que debemos saber reconocer nuestras capacidades y nuestras limitaciones, en la manera en la que conocemos nuestro talento y aceptamos por igual nuestras diferencias con los que van más despacio, así como con los que van más deprisa. La felicidad no es más que no esperar nada más de lo razonable, recibir con enorme alegría el resultado de nuestro esfuerzo y saber equilibrar las dos extremos que tiene todo lo que hacemos en nuestras clínicas dentales y en nuestras vidas.

Si te ha parecido interesante, no dudes en compartir el artículo y formar parte del cambio.

Puedes descargarte aquí el artículo publicado en Dentistas, la revista del Consejo General de Dentistas de España. x