“Trabajar y vivir slow no es sólo una cuestión de actitud, es también un compromiso con un método”.

Hoy se habla mucho de ser disruptivo en la vida y en los negocios, de interrumpir el status quo o de reinventar las reglas para convertirse en un salmón que se atreve a nadar a contracorriente. Hacer las cosas de manera diferente puede precisamente conseguir eso mismo… marcar la diferencia.

Vivimos en un mundo de consumo constante en el que se nos crean nuevas necesidades y se nos invita a la acción 24 horas al día, los 365 días del año. Nos hemos acostumbrado a vivir con estímulos que en muchos casos se han convertido en una necesidad para no sentir vacío cuando nos parece que no hay nada que hacer.

La mayoría de las personas hemos sido o seguimos siendo víctimas de la tiranía del paso del tiempo. Hoy existen iniciativas en sectores tan distintos como la moda, la educación, el turismo, la gastronomía o la sanidad, que han decidido no ser parte de este problema y se postulan como solución a través del conocido como movimiento Slow.

Se hace necesario y muy conveniente para algunos encontrar un equilibrio para evitar consumir nuestra energía antes de tiempo, para no desaprovechar nuestro talento y para huir de la incapacidad de disfrutar del momento presente.

Al fin y al cabo, al margen de a qué nos dediquemos, todos los emprendedores y trabajadores compartimos, o deberíamos compartir, un objetivo común: hacer mejor empresa, ser mejores cada día, disfrutar al máximo, y ofrecer
a la sociedad nuestra mejor versión.

GESTIÓN SLOW

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La inmensa mayoría de las empresas se han adaptado a esta situación y han amoldado sus ofertas a las caóticas agendas de una sociedad que tiene demasiadas cosas que hacer, mucho donde elegir y poco tiempo. La velocidad, el estrés y la intensidad en la actividad en los negocios son posiblemente los virus de los que casi nadie habla. Por otro lado, la necesidad de producir en masa, y en el menor tiempo posible, pone en riesgo el control de la calidad de muchos servicios y productos, generando costes económicos, personales y medioambientales de los que todavía no hay completa conciencia.

La obsesión por acelerar las ventas y llegar a más gente ha marcado la tendencia empresarial de los últimos años, industrializando un consumo en el que casi todo se enlata. Lo disruptivo hoy es entender que el mercado está compuesto por personas y que la mejor manera de generar valor ya no está en el producto sino en el servicio que ofrecemos; ya no está en el qué sino en el cómo.

Poner en valor un servicio más en calma, más excelente, más humano, más memorable, más sano, más eficiente, más ágil... más slow.

ODONTOLOGÍA SLOW

La Odontología Slow nos ofrece una visión que se inspira en los éxitos del pasado para afrontar los retos del presente despilfarrar, haciendo más con menos, priorizando la calidad y disfrutando del vínculo emocional con el paciente, con nuestro equipo y recordando que cuidar del factor humano con esta calma, terminará por reportarnos más felicidad a nosotros, a los pacientes y a la odontología en general.

El método Slow Dentistry se basa en un modelo de excelencia en el que se integran perfectamente los protocolos clínicos con los de gestión y organización, para todos aquellos que confían en que a veces “menos es más” y que es posible conseguir "más con menos".

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